Hace un tiempo escuché por radio que en Reducción, un humilde pueblito cercano a la ciudad de Río Cuarto, se producía una multitudinaria congregación de fieles para venerar a "EL SEÑOR DE LA BUENA MUERTE".
Siempre pensé que si hay un apelativo singular para Dios, nuestro Señor, es éste, y hoy aprovechando esta formidable idea de crear esta página en Internet para Río Segundo y Pilar, que tuvo La Tribuna, comparto estas reflexiones con la esperanza de quitar terror, miedo o angustia, al natural e inevitable momento de la muerte.
Todos sabemos que el ser humano vive muchos más años y la población de ancianos crece sostenidamente. Esta "Longevidad" determina la instalación de enfermedades crónicas y limitantes, como las demencias, las enfermedades cardiovasculares, osteoarticulares, respiratorias, etc. Que muchas veces desconectan al paciente de su vida de relación, pero a su vez se lo mantiene por meses o aún por años en estados casi vegetativos.
Cuando llegamos a estas situaciones, la familia o responsable del paciente adopta de muy buena fe, seguramente, una obstinada actitud tendiente a preservar la vida a cualquier costo, sin importar si se cae en la distancia o encarnizamiento terapéutico o bien en otros casos, cuando el enfermo es declarado inexorablemente como terminal, pretender que permanezca en la clínica, sanatorio u hospital porque "aquí está mejor atendido" desconociendo que todo ser humano, próximo a morir, desea estar lo más cerca posible de los objetos que le son conocidos y de esa piadosa mano amiga que cerrará sus ojos con amor, muy lejos del ciclar de los respiradores, ni de las alarmas de los monitores de las salas de terapia intensiva.
Quisiera, cuando me toque el momento trascendental de encomendar mi alma a "EL SEÑOR DE LA BUENA MUERTE", estuviere asistiéndome hasta los últimos momentos, mi viejo médico de familia, y que mis seres queridos, en torno, doloridos, pero confortados en la oración, me acariciaran y se alegraran conmigo de haber preservado hasta en este último momento de mi existencia, la dignidad humana.